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Guayaquil: Una tarde de caos en el segundo aguacero más fuerte de febrero | Crónica
Las lluvias formaron una gran poza a la altura de Florida Norte. Una hora y media de 'trancón'. Ciudadanos intentaron controlar el tráfico
Es lunes 24 de febrero de 2025. El Inamhi reporta que dicho día se ha desatado el segundo aguacero más feroz de un febrero que ya se corona como el más lluvioso de los últimos 27 años. Con 76,3 litros de agua por metro cuadrado, Guayaquil sucumbe una vez más ante la fuerza del invierno; un tramo de la vía a Daule colapsó.
(Lea también: Lluvias en Guayaquil: Inundaciones con basura en Sauces y bajo comercio en Urdesa)
Todo comienza a las 17:35, cuando el sol está por de despedirse y el tráfico fluye lentamente bajo una lluvia que, aunque no parece infernal en ese momento, lleva horas cayendo. El clima está fresco, con 28 grados, pero hay incertidumbre cerca del kilómetro 8 de la vía a Daule, justo antes del paso elevado de Florida Norte, en el sentido centro-norte.
El tráfico se detiene en seco. Muchos creen que es el típico embotellamiento de la hora pico. Pasajeros de la Metrovía, resignados, abandonan los buses en pleno puente, mientras los conductores de autos tratan de cambiar de carril con impaciencia. Pasan los minutos y nada se mueve.
Los motociclistas, en cambio, parecen llevar la delantera, pues se cuelan en los estrechos espacios entre los carros. Pero su ilusión dura poco. Al bajar el puente o pasarlo por debajo, se topan con el verdadero culpable: una inmensa poza de agua lluvia, que ‘adorna’ las calles frente al Mercado de Florida Norte.
Sin agentes de tránsito a la vista
Para las 18:00, el agua ha inundado también la zona debajo del puente. Buses, automóviles y peatones se encuentran atrapados, sin saber cómo cruzar. No hay rastro de uniformados de la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM).
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Los propios ciudadanos asumen el control. “¡Dele, ñaño, avance!”, grita un hombre en plena calle, moviendo los brazos para guiar a los conductores. Otro se une a él; es ayudante de un bus y decide colaborar. Sin embargo, tras tres minutos de intentos, desisten, pues pocos les hacen caso.
El ‘río’ urbano crece y a las 18:15 nadie se atreve a descender del puente por miedo a que sus vehículos se apaguen. La acumulación de agua ya llega a las pantorrillas. Algunos motociclistas, como Luis Legordoña, desafían la poza, intentando atravesarla como si sus motos fueran acuáticas.
“Estuve aquí casi una hora intentando pasar, y más que pasé ‘por las puras’ porque igual se me apagó la moto. Ya es un problema natural de la lluvia, no de las autoridades, ya no se puede hacer nada”, dice resignado, mientras lucha por revivir su máquina empapada. No es el único: otros vehículos también sucumben al agua, y el panorama se llena de conductores frustrados.
A un lado, en los bordillos del puente, algunos se sientan a esperar. Aunque el aguacero da una tregua, la inundación no cede. Mojados hasta las medias, varios hombres se quitan las camisetas y, en un arranque de camaradería, empiezan a empujar carros averiados.
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Son las 18:30 cuando, por fin, aparecen dos agentes de la ATM. Conversan entre sí, aparentemente a la espera de instrucciones, mientras un vehículo de Interagua llega para intentar domar la crisis.
Recién a las 18:45 el nivel del agua comienza a bajar de a poco. Los primeros en avanzar son los articulados de la ‘Metro’, que lideran la marcha hacia una estación abarrotada, tras hora y media de espera bajo el aguacero. Los carros empiezan a circular de nuevo, pero el daño está hecho.
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