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Niños practicando fútbol en la cancha inundada y repleta de mosquitos.Alex Lima / EXTRA

Robos, inundaciones y mosquitos: los males que aquejan a Urdenor 2, en Guayaquil

Los residentes de Urdenor 2 están molestos porque el cabildo no realiza obras o mantenimiento y la Policía tiene abandonada la UPC del sector

Con los juegos infantiles inundados, los mosquitos que atacan a quien se atreva a pasar por el lugar y en una penumbra total, lo que favorece el ‘trabajo’ de los ladrones, pasan la temporada invernal los habitantes de la ciudadela Urdenor 2, al norte de la ciudad de Guayaquil.

Los residentes de este sector se quejan porque aseguran que están en total abandono por parte de las autoridades municipales, que no se aparecen ni siquiera para fumigar la maleza y pozas de agua que se han formado en los parques a causa de las severas lluvias que han caído sobre la ciudad en los últimos días.

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“Aquí todo se hace con autogestión. Nosotros mismos tenemos que sacar la maleza, arreglar las rejas, reparar los juegos infantiles; no recibimos ni la más mínima atención por parte de la Alcaldía”, se quejó Rolando Otero, morador del barrio, quien añadió que aparte del pésimo estado de las áreas verdes y recreativas, el mal más preocupante que los aqueja es la inseguridad.

No hay un solo negocio que no haya sido víctima de los ladrones. La policía por aquí no pasa. Tenemos una UPC (Unidad de Policía Comunitaria) que lleva cinco años abandonada, desde la época de la pandemia. Hemos pedido que vuelvan a ocuparla, pero nos han dicho que de nuestro bolsillo deben salir todas las reparaciones que necesita”, reprochó Byron Alcívar, otro habitante.

La maleza está muy crecida por la falta de trabajos de mantenimiento.Alex Lima / EXTRA

La UPC en cuestión está en una condición deplorable: gran parte de su tumbado se cayó, el mobiliario está destruido y también ha sido robado por los ‘chamberos’, que han encontrado la forma de entrar por el techo para llevarse lo que han podido.

Además, todo el perímetro tiene maleza que supera el metro de altura, lo que propicia la proliferación de mosquitos, que son transmisores de enfermedades, siendo los niños que juegan en el sector los más susceptibles.

Niños practican a oscuras y bajo el aguas

En el sector hay una cancha de fútbol que es utilizada por los niños para entrenar bajo la tutela de un instructor contratado por los padres de familia. Sin embargo, esta se encuentra cubierta casi en su totalidad por agua estancada, por lo que los chicos deben arreglárselas para practicar en un minúsculo espacio del gramado que aún no está sumergido.

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Además, ni una sola luminaria funciona. Durante las noches la zona queda en tinieblas y las jardineras son ocupadas por drogadictos, que parecen 'chimenea' de tanto consumir droga; además de rateros, que esperan agazapados a que pase un ‘pato’ para desvalijarlo.

“También pasan en motos, te apuntan (con armas) y te quitan todas tus pertenencias. Y aunque entregues todo, igual te golpean. Si llamas a la policía, aparecen a las horas, si es que vienen. Aquí salir a partir de las seis de la tarde es arriesgar la vida”, advirtió Alcívar.

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